domingo, 29 de enero de 2012

El Tiempo De La Vida

En los primeros días del mundo, Dios creó a los animales y fijó el tiempo que cada criatura viviría sobre la tierra.
Entonces ocurrió que el asno fue a ver al Señor y le preguntó:
-¿Cuánto tiempo, Señor, voy a vivir yo?
-Treinta años -dijo Dios-. ¿Te parece bien?
-¡Oh! ¡Son demasiados años! -dijo el asno
-¿Demasiados?¿Por qué son demasiados? -preguntó Dios
-Pues verás, Señor, mi vida es muy dura. Debo de transportar continuamente enormes cargas o tirar de carros muy pesados. Y muchas veces la única recompensa que obtengo es una tanda de golpes con la vara o el garrote. Treinta años así es demasiado. ¿No podrías restarme alguno?
El Señor se conmovió y le restó dieciocho años. El asno dijo que doce años de vida estaban muy bien y se fue contento. Entonces apareció el perro y Dios le preguntó:
-¿Cuantos años te gustaría vivir? El asno me ha dicho que treinta años eran demasiado para él, pero tú sin duda estarás contento con esa cantidad.
-Bueno, si ésa es la voluntad del Señor...-dijo el perro
-¿Es que no estás contento?
-Verás, Señor: Tú sabes lo mucho que me gusta correr. Mis patas no resistirán tanto tiempo. Y ya cuando no me quede voz para ladrar ni dientes para morder, ¿qué otra cosa podré hacer mas que ir de un rincón a otro, gruñendo todo el rato?
El Señor entendió que el perro tenía razón y le restó doce años. Al perro le pareció que dieciocho años de vida estaban muy bien y se fue todo contento. Entonces se presentó el mono.
-¿Tampoco a ti te gustaría vivir treinta años?-le preguntó Dios-.
Tú no tienes que trabajar como el asno ni el perro, y además tu siempre estás de buen humor.
-No creas, Señor-dijo el mono-,eso es sólo la apariencia. Siempre debo estar jugando y haciendo muecas para divertir a la gente, siempre tengo que hacerles reír. Pero muchas veces, cuando me voy a comer la manzana que me han echado resulta ser una manzana ácida. Bajo la máscara de alegría se esconde a veces una gran tristeza, Señor. Creo que no podría soportar vivir treinta años.
Dios comprendió sus razones y le rebajó diez años de vida. Al mono le parecieron bien veinte años y se fue contento. Entonces apareció el hombre y preguntó cuantos años tendría él de vida.
-Vivirás treinta años -dijo Dios-. ¿O te parecen demasiados?
-¡Me parecen muy pocos! -exclamó el hombre-. ¡No tendré tiempo de hacer casi nada!¿No podrías aumentar mis años de vida?
-Pues sí -dijo Dios-. Puedo darte los dieciocho años que le han sobrado al asno.
-¡Pero es que eso no es suficiente!-se lamentó el hombre
-¡Está bien -concedió Dios-. Te añadiré los doce años que le han sobrado al perro.
-Aún sigue siendo poco tiempo-insistió el hombre.
Entonces Dios, tras meditarlo un momento, le dijo:
-Como quieras. Te concederé también los diez años que le han sobrado al mono. Pero ya no puedo concederte ni un año más.
El hombre no quedó muy contento que digamos, pero no tuvo más remedio que conformarse.
Desde entonces, el hombre tiene una vida de setenta años.
Los treinta primeros, que son los suyos propios, pasan deprisa.
Durante esos años, el hombre vive generalmente bien, trabaja con ánimo y alegría y ama y disfruta de la existencia.
Después llegan los dieciocho años del asno de los cuales tiene que trabajar como un burro para alimentar a su familia, recibiendo muchas veces en pago nada más que ofensas e ingratitudes.
A continuación vienen los doce años del perro, a lo largo de los cuales, el hombre no hace mas que gruñir y gruñir por donde quiera que va, sin tener siquiera dientes para morder.
Por último, no le quedan más que los diez años del mono. En este tiempo, el hombre parece haber perdido la cabeza; se vuelve muy raro y hace a veces cosas muy extrañas que provocan la risa y la burla de los niños.














































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